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Seguramente lo primero que me dirás es: “¡Pero Javier! ¿Cómo puedes decir que el 2020 no fue un año diferente?”
 
Para empezar, este pudiera ser un tema de conversación de esos que nos apasionan platicando reunidos con nuestros seres queridos en un lugar aglomerado con nuestra bebida favorita… y como no es posible, o más bien prudente, me dirás… “¡Ya ves! ¡Si fue un año diferente!”
 
Si lo vemos objetivamente el 2020 fue un año como todos los años, bisiesto si tu quieres, pero tuvo sus mismos días, meses, estaciones; y si, con una pandemia acompañada de crisis económica, de muertes lamentables y grandes pérdidas.
 
Pero… ¿acaso no todos los años hay desastres naturales, guerras, problemas económicos, eventos trágicos masivos e individuales?
 
No, el 2020 no fue un año diferente. Lo que fue diferente fuiste tú, y yo, y toda la humanidad.
 
Los años son medidas de tiempo. Los eventos dentro de los años son ciclos que se reviven a través de la historia (hasta las pandemias). Lo único que cambia es el ser humano que atraviesa esa medida del tiempo, ¿quiénes somos antes y después de pasar por un año? Eso es lo que cambia.
 
Pocas veces en la historia tenemos la oportunidad de tener un llamado a la acción universal para toda la humanidad, para vernos en el espejo y que nos refleje realmente quienes somos y de que estamos hechos.
 
Curiosamente el año en que más se digitalizó la humanidad, fue cuando más nos conectamos con nuestra propia humanidad.
 
Empezamos a poner sobre la mesa qué era lo más importante para nosotros. Dejamos, forzadamente en muchos casos, las frivolidades de la vida a la que estábamos acostumbrados y que insanamente estábamos persiguiendo.
 
Tocamos base con nuestros seres queridos e inclusive con extraños, para ver cómo estaban, y si se habían enfermado, buscamos por cielo, mar y tierra como ayudarlos. Lamentablemente, en muchos casos, vimos como aún con todos los esfuerzos físicos, económicos y de la ciencia no fue posible salvarlos. Sin ellos en este mundo para compartir lo que tenemos, lo que tenemos pierde sentido.
 
En lo personal me llevo 5 lecciones de este año, las cuales quiero compartir contigo:

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Humildad. ¿Cómo algo invisible puso de rodillas a todo el mundo? Tal vez no veamos otra pandemia, pero debemos aprender que hay fuerzas impredecibles e incontrolables que llegarán en momentos inesperados a demostrarnos nuestra vulnerabilidad.
 
Resiliencia. ¿Cómo a pesar de estar bajo tanta presión podemos volver a nuestro estado previo? O mejor aún, regresar mejorados, convertir las cicatrices en matices que le den brío a nuestra personalidad.
 
Ingenio. ¿Cómo le hizo la gente para transformarse y seguir funcionando en un mundo diferente? Muchos no pudieron seguir por el mismo camino y tuvieron la valentía y creatividad para sobrevivir, encontrando capacidades que no sabían que tenían.
 
Unidad. ¿Cómo nos aliamos y buscamos apoyo en el prójimo? La unión de la comunidad científica para buscar diferentes soluciones a un mismo problema y en tiempo récord tener esas soluciones funcionando (vacunas), así como cada comunidad en el mundo hizo lo propio por seguir adelante.
 
Voluntad. ¿Cómo no nos rendimos? Desde los que estuvieron enfermos y lograron salir de los pronósticos más adversos, hasta el personal médico que ha dado todo y más, hasta quien no dejó de buscar el sustento para los suyos… siempre hubo algo que nos empujó y dio energía para no rendirnos.
 
Te invito a voltear a ver el 2020 de forma objetiva, como un capítulo más de tu vida, con grandes lecciones que valen la pena volver a leer para que la memoria no nos traicione y nos vuelva a llevar por caminos con luces cegadoras que no nos permiten identificar claramente lo más importante en la vida… tu humanidad.
 
En espera de que pronto podamos tomarnos nuestra bebida favorita en un lugar aglomerado y discutir si el 2020 fue un año diferente o no (o cualquier otro tema)… te mando un afectuoso saludo deseándote que entres a este 2021 y salgas con la mejor versión de ti.